Marisa Montero
Hace un par de semanas, tuve que ir a la Casa de la Cultura a realizar una gestión y me llevé una desagradable sorpresa. Me encontré con que las trabajadoras (son fundamentalmente mujeres) que llevan toda la gestión y el funcionamiento de las múltiples actividades que oferta esta Casa de Cultura de manera eficaz, habían sido trasladadas al sótano del edificio. A lo largo de un pasillo, han hecho unos habitáculos más parecidos a zulos que a despachos. Están dispuestos uno detrás de otro, son individuales y sin comunicación entre ellos. Los he llamado zulos porque además de ser todos de espacio reducido, no tienen ninguna ventana, ni nada que se le parezca. No reciben luz natural, están con luz artificial todas las horas de su jornada laboral. Tampoco tienen ventilación que venga del exterior.
El espacio físico que se ocupa en un trabajo, dice mucho de la consideración y respeto que se tiene hacia las personas que lo realizan. El gobierno municipal de este pueblo demuestra muy poca consideración hacia el trabajo que realizan estas mujeres. ¿Es lo que está queriendo hacer también el Partido Popular, esta vez en el ámbito de la educación, en la Comunidad de Madrid? ¿También quiere ir relegando a la Filosofía al sótano del sistema educativo? Reducir sustancialmente las horas dedicadas a la reflexión Ético-Filosófica –de ocho horas semanales, se quedarían en cinco considerando todos los niveles en los que se imparte esta asignatura-, es relegar a la oscuridad del zulo la importancia de desarrollar en las y los adolescentes la capacidad crítica necesaria para mantener un Estado que sea realmente democrático.
Como les ha pasado a estas trabajadoras de Torrelodones que cumplen una función esencial para la divulgación de la cultura en este municipio, a la Filosofía también pretenden relegarla al sótano, donde apenas se la vea, ocupando un ínfimo espacio, sin poder respirar aire fresco, sin apenas tiempo. Lo que resulta paradójico es que las y los profesores de Filosofía, en ese poco espacio que pretenden dejarnos para enseñar –si la Consejería de Educación no lo remedia-, tienen que dar a conocer al alumnado, entre otras muchas cuestiones, uno de los logros más importantes que ha producido el pensamiento de nuestra cultura occidental, a saber: todas las personas tenemos que ser tratadas con dignidad y respeto. Esto implica dar a cada una de ellas un lugar, un espacio digno..., también en el trabajo docente, en cualquier trabajo. Parece que a algunos se les ha olvidado, quizá por eso no nos quieren.